La causa profunda de la escisión del PNV: el fracaso del Estatuto como apuesta del PNV y como legitimador del Estado español en Euskadi
reproduce el texto del capítulo 7 del libro de Justo de la Cueva La escisión del PNV. EA, HB, ETA y la deslegitimación del Estado español en Euskadi Sur, Txalaparta, Bilbao, 1988.Digitalizado por ARGALA TALDEA para la RED VASCA ROJA.
7.5. El Gobierno Ardanza, "que pasará a la historia como el presidente vasco que convirtió a Euskadi en un
pedazo de España", o el peso de la historia en el
PNV.
"Convertir a Euskadi en un pedazo de España", tal es la misión histórica que los españoles esperan que lleve a cabo el Lehendakari José Antonio Ardanza. La fórmula está repleta de sugerencias, de implicaciones. Quiénes la acuñan no son (¿o sí?) conscientes de que decir que hay que convertir a Euskadi en un pedazo de España es decir que todavía Euskadi no es España.
Y dicho de alguien que está nombrado por el PNV para la tarea, y con aspaviento y resaltando el cambio respecto del inmediato pasado, tiene un inconfundible aspecto. El de estar sugiriendo que el tal Ardanza repite la famosa EVOLUCION ESPAÑOLISTA de Sabino Arana de 1902, cuando en el verano y siguiendo sus instrucciones se pone en marcha la fundación de la Liga de Vascos Españolistas.
Javier Corcuera Atienza, en su tesis doctoral, dedica 68 páginas –el 11% del libro –al tema de "La evolución españolista y su resolución (1902-1903)". Subrayamos tan sólo algunas cuestiones básicas de la aportación de Corcuera:
1ª. El carácter contradictorio de la formulación de la Evolución españolista. En efecto, en el semanario La Patria (órgano semioficial el nacionalismo vasco) se publican el 6 de julio de 1902 unas "Aclaraciones" firmadas por Sabino Arana en las que puntualiza que el nuevo partido no trata de cambiar los medios utilizados por el PNV sino los fines de éste; se rechaza la independencia para buscar que:
"los Estados vascos, que de hecho son españoles, reconociendo y acatando de hecho esta anexión o agregación suya a España, alcancen dentro de esta situación de derecho, dentro de la unidad del Estado España, la mayor felicidad moral y material que alcanzar puedan".
Pero, aunque a primeros de octubre están repartidas en Vizcaya 2.500 circulares para recoger los votos de confianza de los nacionalistas a Arana para que desarrolle el nuevo partido y La Patria publica el 26 de octubre de 1902 –con el visto bueno de Sabino –las líneas maestras del programa de la Liga de Vascos Españolistas y todavía en mayo de 1903 publica Arana textos manteniendo la necesidad de la "evolución", simultáneamente La Patria prosigue su campaña nacionalista y los mismos artículos de Sabino tienen una lectura nacionalista.
2ª. Que lo esencial de la "evolución" se le habría planteado ya a Sabino desde fuera. Desde la burguesía nacionalista (los ex Euskalerriacos). Constantemente desde las páginas del semanario Euskalduna o en conversaciones con los ex miembros de la sociedad Euskalerria se le había planteado a Arana que era necesario que el PNV se convirtiera en partido legal, abandonando para ello la utopía independentista y dejando de soñar en guerras de liberación para conseguir lo máximo posible en el marco de la Constitución española.
Textualmente afirma Corcuera en las conclusiones de su tesis que:
"Hay que entender la "evolución españolista" no como un fenómeno aislado, sino dentro del proceso de enfrentamiento interno en el PNV, y de evolución ideológica y política de Arana desde el ingreso en aquél de la burguesía nacionalista.
Indudablemente la "evolución españolista" suponía, al margen de las complicaciones lógicas que lleva consigo, el triunfo de las tesis de la burguesía nacionalista, y la posibilidad de que ésta realizara, por fin, sus viejas pretensiones de contar con una organización partidista elegida desde la base, controlada por ella, y dotada de un programa de actuación legal". (138)
3ª. Que una equivocación táctica de la burguesía nacionalista y la muerte de Sabino Arana frustran "la evolución españolista" y posibilitan la esclerotización de la ortodoxia nacionalista basada en los primeros escritos de aquél.
Afirma Corcuera en sus conclusiones:
"Que el hecho de que Arana adoptara como tarea absolutamente personal la redacción del nuevo programa, y el retraso que en la elaboración de éste provocarían su encarcelamiento, su posterior exilio, los trabajos preparatorios de las elecciones a Cortes de abril de 1903, su retiro en Pedernales y su última enfermedad, iba a suponer el que, por un lado, la burguesía nacionalista no crea necesario hacer campaña en pro de la evolución, esperando la decisión de Sabino, y que, por otro, los sectores "antievolucionistas" mantuvieran la campaña independentista en tanto que no se aclaraba definitivamente el contenido de la "evolución".
Que la lucha intrapartidista sigue, mientras tanto, solamente orientada en la conquista de centros de poder interno, prescindiendo la burguesía nacionalista de difundir en la base la conveniencia de tal "evolución", por lo que la legitimidad ideológica continúa estando en manos de los "nacionalistas2, que controlan el órgano oficial de prensa del partido.
Que Sabino Arana, si es que llegó a abandonar su intento de realizar la "evolución", lo hizo únicamente en vísperas de su muerte, cuando ya había adoptado la transcendental decisión de nombrar como sucesor suyo al antievolucionista Angel Zabala Ozámiz.
Que la muerte de Arana y Goiri antes de redactar el programa evolucionista, y con el partido dirigido por Zabala, iba a replantear nuevamente la lucha interna con mayor virulencia que nunca, aunque en ella iba a ser prácticamente nula la legitimada y el poder de los ex euskalerriacos para imponer sus planteamientos evolucionistas.
En ese estado de cosas, la muerte de Sabino de Arana supondría la desaparición de la única posibilidad evolucionista de que disponían los ex fueristas. Sus pretensiones serán acalladas en nombre de la fidelidad a la "auténtica obra" del carismático fundador recientemente muerto. Este fallecimiento, en un momento en que el partido carecía prácticamente de organización y de línea política, supondría la esclerotización de una ortodoxia nacionalista basada en los primeros escritos de aquél". (139)
4ª. Que los sucesores de Arana eliminan la "evolución españolista" manteniendo el independentismo como finalidad mediante una argucia formal.
Continúa Corcuera en sus conclusiones:
"Con la jefatura de Zabala concluirían las esperanzas de realizar la "evolución". Los "sabinianos" realizarán –presentándola como vieja idea – una nueva formulación de los objetivos del PNV, que permitiría la legalización de los fines conservando toda la carga carismática del nacionalismo aranista: la meta del partido dejará de ser formalmente la independencia, pasando a ser la vuelta del País Vasco a la situación anterior al 25 de octubre de 19839, fecha en que, según Arana, Euskadi había perdido su independencia.
Así pues, el PNV presenta como objetivo la derogación de una ley española y, como medios, los legales para conseguir un cambio legislativo. Sin embargo, supuesta la afirmación de Arana de que los vascos fueron independientes hasta la ley de 25 de octubre de 1839, la nueva formulación de las finalidades del partido suponía –al menos hacia el interior del mismo – el mantenimiento del independentismo y, con él, de la filosofía política del primer aranismo". (140)
5ª. Que cuando la burguesía nacionalista consigue, unos años más tarde, controlar el PNV, no intenta ya cambiar la ideología aunque realice en la práctica la "evolución españolista".
Afirma Corcuera en sus conclusiones:
"La nueva situación no acabaría con la lucha interna por el poder, lo hemos dicho. En pocos años la burguesía nacionalista conseguiría hacerse con el control del partido, pero ello no supone la ruptura ideológica: la ortodoxia independentista se abandona en la práctica pero se mantiene en la base. A la larga, la indeterminación del objetivo de la "reintegración foral plena" permitiría que la nueva dirección burguesa planteara como cuestión táctica, hacia el interior del PNV, lo que era un cambio de estrategia (realización de una política "regionalista"), en tanto que, hacia el gobierno central, la radicalidad independentista de la base se convierte en instrumento de presión en manos de la dirección". (141)
Javier Corcuera finaliza su clarificadora y excepcionalmente bien documentada tesis afirmando que el nacionalismo vasco:
"pese a su nacimiento e inicial definición tradicionalista, sólo se convierte en fuerza política cuando consigue integrar a una fracción de la burguesía vasca. La fusión entre ésta y los primeros sectores sociales interesados en la tesis de Arana posibilitaría la aparición de un gran partido de masas, aunque en éste pueden seguirse distinguiendo los dos bloques: sabinianos "radical-nacionalistas" y burgueses regionalistas. La historia del nacionalismo vasco en el periodo 1876-1904 es, como lo seguiría siendo en adelante, la historia de los enfrentamientos, separaciones y reunificaciones de estos dos bloques". (142)
Quisiéramos que el lector entendiera que esta incursión en los orígenes del PNV, de la mano de la excelente investigación de Corcuera, no es un adorno erudito sino una imprescindible herramienta para construir una explicación científica de un fenómeno que, como la escisión del PNV en 1986, reúne por un lado la característica de tener importantísimas consecuencias para la vida de millones de personas y por otro la de estar siendo pseudoexplicado con increíbles dosis de ignorancia, de frivolidad y de carencia de rigor lógico y analítico.
Decía Karl Marx, en los párrafos iniciales de El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte que:
"Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen arbitrariamente, bajo circunstancias elegidas por ellos mismos, sino bajo circunstancias directamente dadas y heredadas del pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos".
La magistral formulación de MARX es de imprescindible aplicación para explicar la escisión del PNV en 1986. Hay que partir de esos orígenes del PNV, alumbrados por Corcuera, en los que el partido de masas surge de la fusión de una fracción de la burguesía nacional vasca con la pequeña burguesía urbana y rural vasca y del inestable pero perpetuado equilibrio entre una práctica "regionalista" ("españolista" en el sentido de aceptar y seguir las reglas del juego legales y constitucionales del Estado-nación España) y una ortodoxia ideológica independentista. Hay que seguir constatando que la historia del PNV en sus 90 años de existencia es la historia de los enfrentamientos entre esos dos pares de componentes y del sucesivo rebrote de la "herencia sabiniana".
Precisamente se titula "La herencia sabiniana hasta 1936" la intervención del catedrático Antonio Elorza en el cursillo organizado en Bilbao por IPES en septiembre de 1983 y luego recogido en el libro Nacionalismo y Socialismo en Euskadi (Bilbao, IPES-Bilbao, Cuaderno de formación nº4, 1984). Antonio Elorza había ya tratado diversos aspectos del tema en su obra Ideologías del nacionalismo vasco 1976-1937 (San Sebastián, Luis Haranburu, editor, 1978). En "La herencia…" Elorza resume que:
"a diferencia de otros proyectos nacionalistas, como catalanismo o galleguismo el proyecto sabiniano encierra una perspectiva de ruptura definitiva frente al Estado español. La lógica interna de la construcción implica que la existencia política de Euzkadi no es compatible con la subordinación y tampoco con la convivencia política y sociológica con los españoles. Lógica, pues, de ruptura e independencia, independientemente de que, por razones tácticas, el propio Arana Goiri adopte en sus últimos años posiciones más posibilistas". (143)
Y luego Elorza recorre el proceso histórico del PNV y de sus escisiones mostrando cuántas de ellas (la expulsión del hermano de Arana en 1915, la refundación del PNV en 1921, la ruptura de Jagi-Jagi en 1934, por citar sólo las importantes) responden al peso de la herencia sabiniana, a la persistencia del independentismo como núcleo substancial del nacionalismo vasco.
Lo fundamental es entender que desde finales del siglo XIX el PNV ha sido y es, más que un partido, un movimiento. Una eclécsis de clases y fracciones de clase que han podido ser conducidas por sus cúpulas dirigentes al servicio de los inereses de la burguesía nacionalista en tanto que y porque esas cúpulas mantenían a nivel verbal, retórico y apariencial una coincidencia entre sus objetivos expresos (aunque fueran ambiguamente expuestos y deliberadamente remitidos al largo plazo) con los sentimientos y aspiraciones nacionales de sus bases. Sentimientos y aspiraciones troquelados en el capital simbólico acuñado por el sabinianismo y transmitidos sistemáticamente en clave de ortodoxia ideológica, que condiciona su reproducción ampliada.
Las cúpulas dirigentes del PNV han estado y están así siempre en una situación estructuralmente contradictoria. Obligados a alimentar, fomentar, difundir y transmitir la superestructura ideológica que es el instrumento que aglutina a sus órdenes la fuerza y el peso de sus masas mientras que su práctica tiene que ser "españolista" en el sentido de desenvolverse en el mercado y la estructura política del Estado-nación España.
Una situación tal es especialmente favorable para que cuajen "herejías" con éxito. Porque siempre los "herejes" tienen a su favor que las cúpulas son: a) quienes precisamente tienen que afirmar y defender los principios doctrinales que los "herejes" invocan; b) quienes inevitablemente tienen que desarrollar una práctica que contradice esos principios. Las cúpulas dependen entonces siempre de su capacidad de convencer a las bases de que su política es: 1) la única posible en la coyuntura; 2) la única que garantiza a largo plazo la consecución de los objetivos nacionales; 3) la más hábil y que, por serlo, consigue más resultados a corto plazo, pequeños sí pero que sumados acumulativamente son superiores a los hipotéticos, inseguros y arriesgados de las estrategias "apresuradas".
Esa capacidad de convencer se basa, sobre todo, en la estructura jerarquizada y carismática de la práctica política interna del PNV. Pero depende también mucho, como es obvio, de que las cúpulas consigan obtener en sus socios españoles los resultados concretos que hagan verosímil su argumentación.
La escisión del PNV de 1986 presenta innovaciones respecto del modelo histórico. Innovaciones obligadas por el hecho de que en los años sesenta y setenta ha surgido en Euskadi un nuevo nacionalismo vasco de izquierda con fuerza y con masas (el del llamado Movimiento de Liberación Nacional Vasco en el que se inscriben ETA y HB y el magma de realidades sociales y organizativas conexas). Es ese nacionalismo nuevo el que personifica, ahora desde fuera del PNV, el radical independentismo de la herencia sabiniana. Desde 1979 (desde su apuesta por el Estatuto) todo el PNV se ha embarcado en la práctica "españolista" consistente en jugar dentro del marco jurídico acotado por la Constitución española de 1978 para lograr a cambio las ventajas concretas prometidas por el Estatuto (Conciertos Económicos, televisión propia, policía autónoma, etc, etc…).
La escisión del PNV se produce de facto en 1984 cuando ya se hace evidente que los socios españoles restringen, desvirtúan y vacían los resultados concretos del Estatuto. Una parte del PNV (la que hemos denominado "reacción Garaikoetxea) opta por insistir ante los españoles en los desastrosos resultados de tal comportamiento y en advertir que, de seguir así, será imposible prolongar la práctica "españolista". La otra parte del PNV, partiendo de lo que cree un lúcido y sereno análisis de la correlación de fuerzas real, prefiere hacer concesiones a los españoles añadiendo a su práctica "españolista" el abandono de parte de la retórica gestual nacionalista vasca.
Es a ese abandono al que se refiere Isabel Martínez cuando en el nº 143 de la revista Tiempo (4-10 de febrero de 1985) titula y encabeza la entrevista que hace al lehendakari Ardanza de esta forma:
"ARDANZA, UN GERENTE PARA NORMALIZAR EUSKADI.
En tan sólo unos días, José Antonio Ardanza ha hecho todo lo que no quiso hacer Carlos Garaikoetxea. Si se cumple la letra del papel firmado con los socialistas, el nuevo lehendakari pasará a la historia como el presidente vasco que convirtió Euskadi en un pedazo de España". (144)
Pero de cómo se recibió el cese de Garaikoetxea y el nombramiento de Ardanza y el Pacto de Legislatura, trataremos con detalle en los próximos apartados.
7.6. Las reacciones al cese de Garaikoetxea.
NOTAS AL SUBCAPITULO 7. 5º
(138) Javier Corcuera: Orígenes…, op. cit. páginas 588 y 589.
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(139) Ibidem, páginas 589 y 590.
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(143) Antonio Elorza: "La herencia sabiniana hasta 1936" en AAVV: Nacionalismo y socialismo en Euskadi, Bilbao, IPES-Bilbao Cuaderno de formación n º 4, 1984, página 114.
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(144) Isabel Martínez: "Ardanza, un gerente para normalizar Euskadi", en TIEMPO n º 143, 4 febero 1985, página 21.
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